DESAFÍOS EN PANDEMIA: Reformulaciones del Departamento de Lenguaje

Los últimos dos años han significado para nosotros los docentes de lenguaje, un cambio radical en cuanto a todo lo que concebimos previamente como fundamental en los procesos de enseñanza-aprendizaje.

Nos hemos enfrentado a numerosas circunstancias que nos han desafiado, obligándonos a reestructurar todo el paradigma educativo en el que estábamos sumergidos. Desde ese escenario y en pleno desarrollo de la pandemia,  hemos sido personajes secundarios e incluso incidentales de esta vorágine, en una misión que para todos parecía imposible: mantener activo el aprendizaje en nuestros estudiantes, entregándoles una educación acorde con las necesidades emergentes, desconocidas para todos hasta entonces.

En este escenario, más que nunca cobró relevancia la profesionalización docente, la actualización de conocimientos y la adquisición de nuevas estrategias que nos permitieran mantener activa la labor de educar.

Actualizamos contra reloj todo lo que requeriríamos para enfrentar estos tiempos, desafío que asumimos con un fuerte compromiso desde nuestras fortalezas profesionales,  tanto individuales como colectivas.

Uno de los primeros desafíos al que nos enfrentamos,  una vez instaladas las salas de clases en nuestros hogares,  fue el cómo fortalecer la comprensión lectora y mantener el gusto por la lectura en todos los niveles a través de este nuevo formato.

Reformulamos el ya establecido plan lector a través de la implementación de nuevas lecturas digitalizadas, las que también entregamos en formato físico a todos quienes lo requirieron a través de un sistema de entrega previamente coordinado con las familias.

Así iniciamos este nuevo camino, sin vaticinar que ese no era más que el principio de una gran reestructuración de nuestro quehacer docente, en adelante, vendrían desafíos mayores que requerirían de grandes cambios,  principalmente en la diversificación de la evaluación, práctica que veníamos instalando previamente en nuestra asignatura, condición que sumada al trabajo cooperativo nos permitiría superar una de las más complejas interrogantes de aquel entonces: cómo evaluar.

Activamos una multiplicidad de recursos tecnológicos al servicio del aprendizaje y nos dispusimos a concretar en acciones especificas la recogida de datos que nos permitieran recibir el reporte de los logros de aprendizaje de los estudiantes desde sus hogares. Con esto pudimos redireccionar la priorización curricular conforme a los resultados obtenidos, resultados que sistematizamos y analizados semanalmente a través de informes  a los que se sumarían cada vez  más antecedentes, los que luego nos permitirían  no sólo explicar los logros de aprendizaje y redireccionar nuestras prácticas, sino que también comprender a nuestros estudiantes desde su individualidad; esto nos obligó a realizar un trabajo mucho más personalizado y a fortalecer la ya fatigada  condición socioemocional de nuestros alumnos.

Así, pasamos de una modalidad online a una híbrida casi sin advertirlo, matizando nuestras aulas con un hado televisivo, teniendo que convivir con la implementación de múltiples instalaciones,  necesarias todas para volver a activar las salas de clases.

Enfrentamos un sistema que hoy se encuentra absolutamente operativo, instalado en nuestra praxis después de un arduo camino y gracias a un sin fin de recursos materiales y emocionales de toda la comunidad educativa.

Este nuevo sistema permitió el retorno parcial de los estudiantes a las clases presenciales, manteniendo a la vez las conexiones vía remota en forma simultánea y rotativa.

Sin lugar a dudas este sistema nos ha enfrentado  a uno de los mayores desafíos de este nuevo paradigma educativo: lograr el  desarrollo psicológico,  emocional y cognitivo de nuestros  estudiantes,  desafío que se incrementan en dificultad conforme se amplían los aforos  en  nuestras aulas, toda vez que el grupo presencial aumenta y se mantiene la simultaneidad de la clase online.  Para enfrentar esta nueva etapa hemos implementado nuevas formas de gestión del aprendizaje al interior de las salas de clases,  diversificando actividades y agotando la  didáctica para acercarnos a los objetivos propuestos, una etapa  que nuevamente nos invita a innovar con estrategias orientadas a capturar la atención de nuestros estudiantes de tal forma de lograr  en ellos un  proceso de aprendizaje consciente, que les proporcione las herramientas que les permitan potenciar su pensamiento crítico y analítico.

Reubicamos al estudiante en el centro como un eje primordial para visualizarlo desde su integridad y desde ahí prevalecer su desarrollo socioemocional,  considerando  esto último como un eje primordial en la implementación de cualquier estrategia que busque alcanzar aprendizajes significativos.

Nuestra misión hoy está pensada en el futuro desde un fortalecimiento del presente a través de una constante reformulación de nuestras prácticas.

Hemos crecido como equipo, hemos fortalecido y sistematizando el análisis técnico de los resultados  alcanzados, hemos vivido un proceso intenso de profesionalización docente el que  hemos hecho latente redireccionando nuestra labor en cada caso y sin claudicar,  en esta tarea que ha sido titánica para todos en especial para los profesores.

En adelante, seguiremos trabajando con ahínco en el fortalecimiento de nuestras competencias pedagógicas, porque creemos como equipo que esta es la única vía que nos permitirá mantenernos a la vanguardia y acorde con  las exigencias del mundo contemporáneo que, como ya  hemos advertido,  mantiene una sola constante; el permanente cambio.

Miriam San Martín Cariaga

Profesora de Lenguaje